viernes, 8 de junio de 2012

Ruta de Lorca en Nueva York

Ruta de Lorca en Nueva York, organiza por el Instituto Cervantes

 "Nueva York estremeció a García Lorca, dejó en él un impacto muy grande, le asombró con su modernidad y su pujanza industrial, y le hizo reconsiderar su visión y su concepción poética", explicó  el experto Norberto Bogard, quien guía la ruta en la que se siguen los pasos del poeta para celebrar su nacimiento.
             FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-1936) vivió en la ciudad de Nueva York dejando una impronta en la ciudad y la ciudad en su poesía. Llegó en 1929 para aprender inglés estableciéndose en el campus de la Universidad de Columbia, su refugio. Nueva York no le olvida y el Instituto Cervantes organiza cada año una ruta por laGran Manzana, lugares que frecuentó y que fueron fundamentales en su vida y en el desarrollo de su poesía, inspirándole a escribir una obra tan rompedora como "Poeta en Nueva York"  donde consuma la gran epopeya de la ciudad moderna, la pérdida definitiva del paraíso del  hombre y la Naturaleza en manos del progreso industrial. 
       En esta obra se aprecia una ruptura con toda la  anterior, abandona las formas tradicionales en favor del  verso libre y cercano a la prosa , construido sobre numerosas repeticiones que evocan una atmósfera asfixiante, sin esperanza... Dando inicio a la idea moderna de la Gran Ciudad, la que arranca al hombre de los brazos de la Naturaleza para esclavizarlo.  Todo ello conducido por una fuerza desgarradora y brutal que no sólo marcan un antes y un después en la obra de Ferderico García Lorca, sino en la Literatura Española que beberá de él. 


Panorama ciego de Nueva York

A. Stieglitz, Flat iron, 1903

Si no son los pájaros
cubiertos de ceniza,
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
serán las delicadas criaturas del aire
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.

Pero no, no son los pájaros,
porque los pájaros están a punto de ser bueyes;
pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna
y son siempre muchachos heridos

antes de que los jueces levanten la tela.




E. Steichen, The Flatiron, 1905
Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,
pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.
No está en el aire ni en nuestra vida,
ni en estas terrazas llenas de humo.
El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas
es una pequeña quemadura infinita

en los ojos inocentes de los otros sistemas.
[...]
  
No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,
pero dientes que callarán aislados por el raso negro.
No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra.
La Tierra con sus puertas de siempre
que llevan al rubor de los frutos. 


Autorretrato en Nueva York,  Federico García Lorca

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