viernes, 20 de noviembre de 2015

Otro Antirrelato y Relato creado en el Taller de escritura de la Biblioteca


Los ejercicios del taller de escritura de relato corto son cada vez más desafiantes. Y es que Mariano Gimeno Machetti va exprimiendo, poco a poco, el talento de todos con propuestas interesantes. Tareas que sacan de cada uno de nosotros el talento creativo que ninguno creyó haber tenido escondido. 

A continuación tienen otro ejemplo de Antirrelato convertido en Relato. No dejen de leerlo.


La Sonrisa
(antirrelato de Hortensia)

Julia espera despierta a que se haga de día. Espera tumbada en la cama. La casa esta ocupada por un silencio pesado, helado, que se posa como un manto sobre los muebles. Julia con los ojos posados en el techo piensa “¿cómo puedo matar hoy a mi marido? “ Y sonríe…es la primera sonrisa del día.
Cuando en los cristales se dibuja el rojizo amanecer Julia se pone en pie y se mira en la semioscuridad del espejo: sus ojos están bordeados de arrugas, los pómulos y la papada empiezan a caer…fue más bella en otro  tiempo… pero no tan fuerte. Y Julia sonríe al espejo. Julia llena el depósito de la cafetera melita absorta en sus pensamientos y luego escucha el gorgoteo del líquido oscuro y caliente. 
fot. Rebecca Miller
Leopoldo, que así se llama la víctima, es el objeto de tanto anhelo.”Mi reina” solía decirle cuando se casaron y como a tal no tardó en coronarla…”bah…cosa  de poco. ..una cana al aire” Y de tantas canas al aire de Leopoldo a Julia se le volvió el pelo blanco ¡todas le aterrizaron encima! Pero aprendió a buscar otras cosas que le llenaran el hueco negro del corazón.
“Viviré para ti” le dijo ella un día enterrada en su pecho, pletórica de amor como una golondrina en primavera…y así lo hace. Julia le sirve el café, que le espera sobre la mesa del salón no menos de veinte minutos, con tres cucharadas de azúcar. ..(a él le gusta muy caliente y amargo) Y allá va otra sonrisa.
Julia planifica el día “iré al mercado…haré caracoles que le gustan tanto, con mucha guindilla y pimentón  de La Verá…pero la farmacia me cae a desmano….!vaya! y no tiene omeoprazol desde hace días.. con lo que le molesta la úlcera…Otra sonrisa.
Tengo que recordarle que me acompañe al ginecólogo…no puedo perder la cita que me costó tanto cambiar a última hora …a las ocho y media…justo cuando empieza el Madrid-Barca…se ve que al doctor también le gusta el fútbol…”
“Por allí resopla”, murmura Julia cuando oye arrastrar las zapatillas de Leopoldo y le ve pasar ante la puerta de la cocina camino de su café frío mientras bosteza y se rasca el trasero…”mira …hace dos cosas a la vez”
-¡Julia. .esta frío!
-lleva esperándote media hora por lo menos…que vas a llegar tarde...
-¡Podrías haberme despertado antes!
-¿no dormiste bien?
-¡Con tus ronquidos!
-Estoy constipada…
-Un par de kilos o tres es lo que tienes que perder…
“Pues igual no tengo suficiente guindilla…y de paso compro un paquete  de cigarrillos o dos..que los tenga siempre a mano…a ver si la advertencia del paquete no es publicidad engañosa! “
fot. Federica Erra
Y Leopoldo sale corriendo y poniéndose la chaqueta mientras Julia se sirve otro café calentito y sonríe sin separar los labios de la taza.”Va a ser verdad que a las  mujeres nos gustan los hombres que nos hacen reír”.



La Sonrisa
(relato de María)

Tumbada sobre la cama Julia espera que el sol despierte. Todo a su alrededor toma un tono rojizo cuando se pone en pie, desnuda, frente al espejo. Su cuerpo es desgaste y sufrimiento. Devuelve la mirada a la cama, coloreada de rojo intenso, y sonríe mientras idea cómo asesinar a su   marido dormido. Su corazón palpita. Sus ojos se inundan.
Se ahoga en recuerdos con una taza de café entre las manos. “Mi reina” la llamaba antes de que la infidelidad hiciera un trío de su matrimonio.
Julia olvidó vivir para ella. Cada día tenía la misma rutina que el Sol: despertar e iluminar la vida de los demás.
A las 7.30 le servía un café caliente en el salón con tres cucharadas de azúcar. A las 8.00 él se iba siempre discutiendo, sin motivos, a trabajar.
Pero ese día, mientras ve su vida en el fondo de la taza, planifica el asesinato. Sobre la mesa le deja el anhelado café y hasta siete veces mete la cucharilla. Leopoldo arrastra los pies por el corredor hasta el salón. Se sienta y bebe.
Julia escucha un último grito ahogado. 
fot. Oliver Valsecchi 



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