viernes, 27 de noviembre de 2015

Va de narradores la nueva sesión del Taller de escritura de la Biblioteca

La nueva sesión del Taller de escritura de la biblioteca impartido por Mariano Gimeno Machetti, va de cambiar de personalidad, voces y narradores. 

Cambiar de personalidad, nada fácil por cierto. El reto de esta semana ha consistido en disfrazar un hobbie, un miedo, una fobia o algo que no soportas en, a través de la palabra, darle un sentido contrario y convencer al lector de que nos encanta. Lo dicho... nuevo desafío para los alumnos del taller. 

A continuación puedes leer el relato mejor valorado por el grupo, ¿adivinas qué no soporta? 


SECRETO
(Nieves)

Mudarnos fue un acierto para la familia; los niños peregrinaban solos al colegio cada día y  las necesidades mundanas se veían satisfechas por la cercanía al centro.
Pasados varios calendarios, Ena, se había mimetizado en aquel vecindario. Tejedora incansable, resucitaba unas  prendas y otras las pasaba a la sesión de chapa.
fot. Émili Bermúdez
Su vida transcurría tras las cortinitas azulitas, de alba a ocaso y el tiempo hacía equilibrio entre agujas e hilos. Su ubicación en primera línea la coronaba como conocedora directa de los aconteceres de aquellos lares y sus gentes. Y para emplatar la información, las clientas dejaban de su mano la ropa y al desnudo las  intimidades de los otros. Mientras, ella permanecía en su garita.
Me inunda la felicidad; mis buenos hijos educados y aplicados, un marido trabajador, un oficio que disfruto, y el privilegio de enterarme y  saber  de  cuanto pasa en mi entorno.
Sin olvidar, mis merecidos ingresos extras, gracias a los cuales mis hijos estudian fuera y aprovecho la tesitura para hacer puntos de Iberia plus. Buena idea sacarles del barrio, los protejo, aseguro su halagüeño porvenir y les alejo de caer en bocas sucias.
Imposible resetear mi memoria y deshacerme de aquella noche.
Mis entrenados oídos sintieron el cerrar de la puerta.  Apostada en mí puesto de vigilancia, divisé la sombra  escapando de la casa de Doña Petra.
El incidente acontecido, aunque nefasto, animó el barrio. Vinieron días de trasiego, cavilaciones, policías, juez y funeraria.
Los periódicos inundaron sus páginas sobre el delito. Incapaces de relacionar a nadie con la muerte de la vieja chiflada.
fot. Émili Bermúdez
Dª Petra vivía en un delirio continuo, el despertador alocado ticteaba martillando el silencio. Apenas se reconocía. La  señora elegante y educada había sido devorada por el tiempo.
Sus sobrinos políticos renunciaron al vínculo familiar y  la dejaron en manos del destino.
La acera frente a su casa ya estaba precintada por maloliente aire y las moscas, mucho antes de que la policía llegara y colocara la banda.
Alguien decidió poner final a la historia. Airear el barrio.
Sin duda una labor brillante. Bajo una invisibilidad que el paso de los otoños había traspasado la memoria de la mayoría, pero no de Ena.
El combate fue atronador. Primero duelo de miradas. Después, gestos amenaza, coronado por un empate de palabras que desembocaría en un beneficio mutuo.
“Se creía este que iba a controlarme bajo el yugo del miedo. Como si fuera tan fácil sellarme y empaquetarme. Información es poder”. El  poder me dio el mando  y una gran oportunidad.
 Un trato más que justo. Todo por mis hijos y su futuro. Para mí un ir y venir de aviones y ataques de consumismo  que saboreo a mi antojo.
fot. Émili Bermúdez



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