martes, 22 de marzo de 2016

Conociendo un poco más a los asistentes del Taller de Relatos Cortos de la Biblioteca a través de "El Diálogo"

Soy paria involuntaria con dos patrias y ninguna. Cuerpo de hierro, alma de luna. Corazón de cristal, voluntad marmolada. Unas veces cálida otras helada. Una muerta renacida a destino incierto atada. Luchadora apasionada, deambulo entre los opuestos persiguiendo la verdad, sabiendo desde siempre que no la podré hallar. Solo tengo interrogantes y respuestas negadas. Socrática empedernida: "sólo sé que no sé nada".
Sara

VIAJE AL CENTRO DE UN GLACIAR 

Fotografía de Dorothy Shoes

Previo aleccionamiento a su paciencia sobre cómo comportarse, se apersonó en el banco y esperó que le llegara su turno.
Los trámites bancarios la sacaban de quicio. Siempre consideró a los bancarios una raza parahumana gestada por glaciares.  
-Setenta y cuatrooo...-                      
Se dirigió con presteza al escritorio donde el joven esperaba su próxima víctima.             -Buenos días, en qué puedo ayudarla?-                                             
-Buen día, quiero dar de baja mi tarjeta de crédito-                              
-Permítame la tarjeta- El joven tomó el plástico y se enfrascó en la pantalla del ordenador accesible sólo a sus ojos.                         
 -Señora tendrá que volver el día 14 para realizar el trámite-                
-Imposible, mintió, no estaré en la ciudad en esa fecha, cuál es el problema?-
- La fecha de cierre-                            
-Si no tengo deuda, ¿qué tiene que ver la fecha de cierre?-                
El joven impasible no sacaba la vista de la pantalla, "qué estará mirando!" pensó ella con fastidio.   
-Sí, pero tendrá que volver en esa fecha-                                             
-Ya le dije que no estaré, tengo que hacerlo hoy- dijo con voz firme.
-A ver, espere un momento- se metió tras los boxes volviendo segundos después con el mismo replay. Ella sintió que la bestia interior se desperezaba...contó hasta tres.
-Ok, míreme bien, le dijo, ve dónde estoy sentada? de esta silla no me moveré hasta que me den la baja de la tarjeta, tendrán que sacarme con la fuerza pública-
-Déjeme ver qué podemos hacer, hablaré con la jefa del sector- y desapareció tras los boxes. Pero esta vez no volvió, su lugar lo ocupó una antipática y maleducada señorita con papeles en su mano que, sin saludar y de mal modo, se puso ante ella
-Complete y firme el formulario- le ordenó.                                             
-Con todo gusto- le contestó irónica disfrutando la situación.
Cumplida la orden, la bancaria tomó el formulario, lo selló, le pidió la tarjeta, le hizo dos cortes y con un clip la adjuntó al papel, -listo, realizado el trámite- dijo levantándose. 
-A ver a ver, un momento, la tarjeta se la queda usted?- Recalcando las palabras dijo en son de burla
-La tarjeta ya no sirve señora-            
-Pero es mía y quiero que me la de, y el formulario también-              
-Es un formulario interno del banco-                                                  
-Bueno, entonces deme una copia, también es un comprobante del trámite realizado.                                                 
No disimuló su rabia, de un manotazo tomó los papeles y se metió adentro, ella seguía pegada a la silla de donde no se movería sin lo suyo. No tardó nada, le entregó los documentos y sin decir palabra volvió a su escondite. Cómo disfrutó ese momento glorioso!
Se levantó de su asiento enarbolando los papeles con una burlona sonrisa de triunfo. Por fin, por una vez, había logrado vencer a un parahumano. Salió del glaciar tarareando Carrozas de fuego de Vangelis. 


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