lunes, 12 de septiembre de 2016

Regresa el taller de relatos en septiembre con "Canciones que me inspiran a escribir" II



Dos clavos para mis alas
inspirada en la canción de Enrique Bunbury 

Mirando a la pared como si fuera un último recuerdo del que nunca más  la memoria  reconocerá como suyo, en silencio observo los clavos  que traspasan mi columna, amo ese sufrimiento porque aunque me tiraras al mar seguiría ahí, conmigo. Jesús, ahora ya sé lo que es una cruz. Tal vez mi voz sobrevivirá, no con la misma intensidad del primer grito que emití al nacer,   pues supe que mi madre me había  expulsado a golpe de silencio de su útero en aquel instante innecesario. No sé vivir sin dolor y desilusión, la vida se ha vuelto  una decadencia improvisada. Ahógame en el olvido, el tupido velo que todo lo olvida (la traición, el desamor y la muerte) ¡Maldita sea dejad  a la  anciana demente que alimente a las palomas del parque! Allí donde el olor es fétido, donde  los vagabundos se emborrachan, donde la miseria nace. Mientras los “normales” emiten quejas, salen de viaje estival,  pagan impuestos y ese etc. que es la extremaunción apocalíptica. Sí, esa parte que siempre pone la otra mejilla para sentir la sumisión y sodomización de la vida. No importa que el  equilibro mental del espécimen humano se haya deteriorado, no importa que Yolanda la del segundo y su marido discutan a todas horas, morirán intentando entenderse. 
 

Fotografía de Brooke Golightly
  Ese gran invento del amor ha destrozado muchas almas, esa gran mierda ha hecho mucho daño en el inconsciente colectivo. Solo me preocupan los libros apilados que nunca terminaré de leer y qué harán con mis cenizas. No dejaré descendencia ni otorgaré testamento alguno. Volveré a verlos al final del arcoíris. Las horas bajas de los amantes. Luis, ponte bien la corbata y sigue adelante con tu bufete, allí donde has prostituido tu arte  por  dinero. Tus creaciones son  excreciones elitistas .El sol entra por mi ventana, escupo a la pared, las sombras que dibujan mis manos hacen que Silvia aparezca, delgada y con pechos  pueriles  pero  ramera en sus movimientos. Darío se volvió loco por ella,  hablaban de la comida sana, de los “buenos hábitos” que te hacen vivir más… pero para qué, solo era sexo y lo disfrazaban de falacia.  Oda a esa cantidad de gente  que se alimenta  de espinacas, lentejas  y todo tipo de frutas. ¡Pobres imbéciles, vuestro nicho también os espera! Mientras Javi nadaba en un lago cualquiera de un pueblo cualquiera de la ibérica península y ellos ponían dos tornillos a mis alas y la fuerza de mi lenguaje  y el intento de escribir también se fueron para no volver.
Aurelia


No hay comentarios: