miércoles, 23 de marzo de 2016

Conociendo un poco más a los asistentes del Taller de Relatos Cortos de la Biblioteca a través de "El Diálogo"

Nieves, repostera inquieta de narrativa creativa. Para mis recetas literarias utilizo los mejores ingredientes que poseo; como base una mezcla agridulce con una pizca de desconcierto, untada en crema de sorpresas y rematada con un glaseado de incertidumbre adornado con perlas salteadas de amor y oscuridad.
Nieves


 . La verdad
Mil preguntas invadían mi mente. La percha Alfonso gritaba mareada entre mis manos pidiendo su liberación.
“Puto viejo, entrometido” “A santo de qué desenterró esto, ¿quién demonios se ha creído?”.
Intentaba dejar de manosear aquel pudo haber sido, luchaba por apartar visiones imposibles y blandía aquel dolor como si fuese algo mío. Pero se trataba solo de un viejo fantasma.
“¿Realmente tenía derecho a pedir una explicación? ¿A desenterrar el dolor del pasado?”…
Lancé la percha hacía la cama, mientras gastaba las losetas en un ir venir en línea recta.
Poseída galopó las escaleras dejando tras de sí un crujir discontinuo de madera.
Me recibió entornando su reproche:
-¿Qué pasa?. ¿Porqué subes corriendo ?. Parece que se acerca la Caballería
Exploró la cocina en busca de una excusa para mantenerse allí.
-¿Quién es Alfonso?
Se extendió el silencio
-Eh, ¿Quién?
-Era un hermano de tu padre…
Sin mucho interés, simuló atención por una noticia y la voz del locutor se apoderó de su incomodidad.
-¿YYYY? ¿Qué le ocurrió?
En pie, se asió del brazo de la Cafetera en busca de su humeante compañero.
Los pasos la acercaron pese a que detestaba aquel olor. La única persona de su familia materna lo tomaba.
-Murió en un accidente de moto en las Peñas de la Costa Oeste.
-¿Le conociste?
Sin respuesta, abandonó la estancia.
Escuché estampidos de latón y un rebuscar discontinuo entre los trastos de la vieja vitrina.
De vuelta, muda y sin semblante me tendió la mano con un viejo recordatorio funerario.
Alba me había pedido los apuntes del Tema de Filosofía y mi disposición para ayudar me llevó hasta su casa.
Ofrecí las copias de Filosofía y ella se prestó a acompañarme para seguir la charla hasta mi parada de autobús, entonces apareció él, Un viejo, algo desdentado y pestilente a alcohol. Lo presentó como su padre. Mantuve las distancias y enseñé los dientes sin convicción. Luego me sacó la partida de nacimiento.
-¿Y cómo dices que se llamaba tu madre? ¿Adela?
Asentí, rezando para que llegase la guagua.
-Tu padre Alberto, fue Patrón mío, trabajé con él en la Carpintería. No te pareces con tu madre, bella muchacha de ojos azules.
“Quise que se atrangara con alguno de los dientes que le quedaban”
Pero tu madre casó con él porque, su novio murió ¿Cómo se llamaba?
“Gracias Dios, Fuente Divina, Universo o quién quiera que seas por enviarme a la dichosa guagua “
Subí sin mirar atrás, con los dientes prietos y levanté la mano en señal de despedida a mi amiga y con ganas de hacer un corte de mangas al puto viejo, entrometido, que dice ser su padre”…


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